domingo, 16 de enero de 2011

Poética, de Aristóteles

Aristóteles, La poética, tr. de Juan David García Bacca, México, Editores Mexicanos Unidos, 1985.

FICHA RESUMEN

1. Generalidades

Todo arte es imitación (μίμησιϛ, mímesis). Hay artes que emplean el ritmo, otras la melodía y unas más la métrica. Hay, además, artes que emplean las tres cosas. La imitación los es siempre de hombres en acción, de sus características éticas. La diferencia entre diferentes imitaciones radica en con qué imitan, lo que imitan y la manera como imitan.

La tragedia, a diferencia de la comedia, imita a los mejores hombres.

Partiendo del principio de que la imitación es algo innato al hombre, se dirá que los que imitan a los mejores dieron con ello origen a la poesía heroica, mientras que los que imitan a los viles y peores —utilizando el metro iambo— originaron la poesía iámbica. De la poesía heroica surgió la tragedia, en tanto que de la poesía iámbica surgió la comedia.

La comedia imita lo malo-ridículo. La epopeya y la tragedia imitan a los esforzados. La diferencia entre la epopeya y la tragedia es el tiempo y la métrica. Mientras que en la primera no está definida la duración y su estilo es el narrativo, la tragedia es «reproducción imitativa de acciones esforzadas, perfectas, grandiosas, en deleitoso lenguaje, cada peculiar deleite en su correspondiente parte; imitación de varones en acción, no simple recitado; e imitación que determine entre conmiseración y terror el término medio en que los efectos adquieran estado de pureza.» [pp, 138-139]


2. Partes cualitativas de la tragedia

La tragedia consta de seis partes:
1. El argumento o trama. Parte más importante, pues considerando que la tragedia es imitación de las acciones de los hombres, la peculiar disposición de las acciones será lo primordial y lo que definirá la trama. Además, por las acciones se revelan los caracteres.
2. Caracteres. Son el reflejo de las acciones. Hablan de la cualidad moral de los personajes, [tan importantes a esta obra didáctica que es la tragedia].*
3. El carácter. Pone de manifiesto el estilo de decisión, la voluntad y los medios que, bajo la reflexión, llevan a un fin. Es este fin, según sea constante o no en el personaje, lo que nos habla de un carácter.
4. Dicción o léxico. Es la interpretación de ideas mediante palabras, es lo que las palabras descubren al ser dichas. [La dicción o léxico es la función apofántica, es decir, elucidadora que tienen las palabras, la posibilidad de revelar el carácter ético-didáctico de la tragedia a través de las palabras.]
5. El canto. Elemento prescindible de la tragedia, ya que la virtud de ésta se mantiene al margen de los certámenes y de los actores, al margen de la dulzura del canto.
6. El espectáculo. Son los artificios del escenógrafo. Este elemento también es prescindible.
[Gran parte del éxito o del fracaso de la tragedia se debe a su carácter y a sus ideas, pues son estos dos elementos lo que nos hablan de su calidad didáctica y ética, según los patrones e ideales griegos de conducta.]


3. Unidad de acción trágica

La tragedia es una unidad de acción entera y perfecta, además de poseer cierta magnitud. Debe, por lo mismo, constar de principio, medio y final, es decir, debe ser completa y cerrada en sí misma. El parámetro de su magnitud es que sea fácilmente retenida en la memoria: ni muy extensa ni muy corta.[1]

Sólo así podrá ser bella. Debe haber, por lo demás, una unidad de acción que no se resquebraje en sus partes, es decir, que no puedan estas últimas cobrar independencia con respecto del todo.
La tragedia tiene como requisito expresar lo universal —no lo singular, como la historia— y en vistas a ello debe elaborar nombres, acciones, etc.

4. El argumento

En la tragedia hay una idea general y episodios. La idea general es el argumento, dividida, según convenga, en episodios. También existe un nudo, que es lo que va desde el principio hasta aquella parte última en que se trueca la suerte hacia la buena o malaventura. Hay también un desenlace, que va desde la inversión de la suerte —climax del nudo— hasta el final. Es decir, las dos partes en que se divide la idea general o argumento son el nudo y el desenlace.

Como producto de la trama —desarrollo de la acción dramática— debe sobrevenir en el espectador la catarsis purificadora (καθαρσιϛ, katharsis), como resultado de la conmiseración y el terror, elementos ambos que le deben ser inherentes a la trama. Conmiseración y terror deben venir aparejados a la trama para que se produzca en el espectador esta purificación [ética]. Sólo así se constituyen las tragedias más bellas.

La peripecia (περυπετήϛ, peripetés) es la inversión de la cosa en sentido contrario y puede suceder por necesidad o por probabilidad. [«…es un giro súbito e inesperado (un accidente, un hecho casual), que produce sorpresa, que influye en los acontecimientos posteriores y en las pasiones y el carácter de los personajes, y que generalmente está orientado en el sentido del deterioro de éstos, pues les acarrea el infortunio.»][2]

El reconocimiento (αναγνώρισιϛ anagnórisis) es el cambio de ignorancia a conocimiento que trae consigo un cambio en el curso de una acción. Por ejemplo, transforma la amistad en enemistad o viceversa.

Habrá acción simple cuando el cambio de la fortuna suceda sin peripecias ni reconocimiento. Habrá acción intrincada cuando esto suceda con peripecia y con reconocimiento. Bello será cuando haya reconocimiento con peripecia, pues con ello se juntan el efecto trágico y la emoción humana y se producirá así la compasión y el temor [con mayor fuerza y con lo cual se logrará uno de los fines fundamentales de la tragedia: el didáctico].

Junto a estos dos elementos del argumento —la peripepcia y la anagnórisis— esta otro que es la pasión (πάθοϛ pathos), que es la acción perniciosa y lamentable, como muertes en escena, tormentos, heridas, etc.


5. División cuantitativa de la tragedia

La tragedia se divide en: 1. Prólogo, parte entera de la tragedia que precede a la llegada del coro. 2. Episodio, parte entera de la tragedia comprendida entre los corales. 3. Exodo, parte entera de la tragedia fuera de los corales.


6. Preceptiva poética

El error
[Considerando la acción terapéutico-ética de la tragedia], los cambios de fortuna de varones buenos no deben fluctuar entre lo bueno y lo malo, pues esto no inspira ni temor ni conmiseración sino repugnancia moral. Lo mismo se entiende, pero en sentido contrario, en los varones malos.[3]

La compasión se funda en lo inmerecido de la desdicha y el temor en la semejanza [que con nosotros puede tener esta fortuna]. Pero queda el justo medio: una suerte que se trueca en mala por un error, el error trágico.

Es preciso que la dirección de la suerte sea de buena en mala y no al contrario. El sentimentalismo no tiene cabida en la tragedia. La conmiseración y el temor no deben ser producto del espectáculo sino de la trama, es decir, del desarrollo de la acción misma. Lo mejor de la acción errónea es que se haga con ignorancia y, una vez realizada, se le reconozca, en el acto, que es justamente la peripecia con anagnórisis.

Carácter bueno
Los caracteres deben ser apropiados al personaje. Debe buscarse lo bueno y que esto se ponga de manifiesto en los actos. Deben ser semejantes al tipo tradicional y además constantes, no volubles.

Debe buscarse lo verosímil y los desenlaces deben ser producto de la trama y no por artilugio. Ningún acto debe quedar sin explicación racional,[al interior del drama, desde luego].
Hay diversos tipos de reconocimiento: por signos o señas, por artificio del poeta, por recuerdo, por raciocinio —silogismo deductivo—, producto de los hechos mismos.


6. Especies de tragedias. La metáfora

Hay cuatro especies de tragedias: la intrincada, la sencilla, la patética y la de carácter ético. Hay que intentar que posea todas estas cualidades. También hay que cuidar la claridad y alteza de la dicción: que sea clara sin ser baja. Un nombre de uso dominante contribuirá a su claridad. No hay que exagerar ni hacer muy evidentes la metáfora y las palabras peregrinas, pues ello tornará risible a la tragedia. Aunque la metáfora [es uno de los principales recursos del poeta, que hay que mantener siempre presentes para evitar falsas o erróneas críticas]. La metáfora es «transferencia del nombre de una cosa a otra; del género a la especie, de la especie al género o según analogía» [p. 163]. La metáfora es, en fin, contemplación de las semejanzas.


7. La epopeya

La epopeya, como la tragedia, debe tener una unidad de acción. También hay la simple, la intrincada, la ética y la patética. las partes son las mismas, con excepción del canto y el espectáculo. La tragedia se restringe a lo que sea factible de representar en el escenario, mientras que la epopeya no, por lo cual puede ser más extensa, ya que narra o puede narrar más acciones.

Lo criticable de la epopeya —y también en la tragedia— es que las cosas ahí expuestas sean imposibles o absurdas, o dañosas, o contradictorias entre sí, o por ir contra la rectitud artística. Con todo, es superior la tragedia a la epopeya, pues posee todas las características de ésta y más.

NOTAS
* Lo que aparece entre corchetes no lo dice Aristóteles en la Poética: se trata de información complementaria.
[1] Subyace a esta idea la tesis aristotélica del «justo medio», que promueve en su Etica nicomaquea. El Justo medio consiste en someter al escrutinio de la razón y del sentido común todos aquellas acciones que tengan un calificativo moral y en los que pueda haber exceso y defecto. Por ejemplo: entre el exceso que es la temeridad y el defecto que es la cobardía está el justo medio que es la valentía. Se trata de un justo medio dinámico, que a veces estará más cerca de un extremo, como en el caso de la valentía, que está más cercana a la temeridad y más lejana de la cobardía.
[2] Helena Berinstáin, Diccionatrio de póética y retórica, Porrúa, México, 1992.
[3] Por lo que se ve, Aristóteles no daba oportunidad, al menos en la tragedia, de que un individuo pudiera enmendar su conducta moral: ella lo marca de un modo irrevocable. Desde luego, esto responde a la idea que se tenía de un destino ineludible.

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